Mandanga de la Buena

Como si Nic Cage fuese el director de Cahiers du Cinema.

Crítica — Pacific Rim

Pacific Rim

Hacer retrospectiva sobre la ciencia ficción japonesa conduce irremediablemente a detenerse en la década de los cincuenta. Por aquél entonces, claramente influenciado por el King Kong de Cooper y Schoedsack, y especialmente por el reptiliano Monstruo de Tiempos Remotos animado por Ray Harryhausen, el país nipón vio nacer el que sería uno de sus estandartes dentro del fantástico cinematográfico durante décadas: el Kaiju Eiga o «cine de monstruos»; con un Godzilla herencia del desastre atómico de Hiroshima y Nagasaki como primer representante del subgénero.

Con Pacific Rim, Guillermo Del Toro vuelve a realizar un ejercicio de retorno a la niñez para combinar dos de sus grandes filias infantiles; por un lado el Kaiju Eiga, y por otro las prolíficas aventuras de «mechas» —enormes robots tripulados— encumbradas gracias a obras de la talla de Mazinger Z, Gurren Lagan o la popular Evangelion. La pasión que Del Toro profiere por ambos géneros se ve reflejada en el mimo y el gusto por el detalle que transpira el filme, y se transmite irremediablemente al patio de butacas contagiando el espíritu festivo y, en cierto modo, nostálgico durante cada una de las apabullantes —aunque escasas—  batallas entre robots y bestias gigantes.

El innecesariamente dilatado libreto de la cinta adolece todos y cada uno de los clichés del cine de aventuras bélicas americano, recorriendo los necesarios temas del sacrificio, la fidelidad, el honor, o una rivalidad entre pilotos que poco o nada ha evolucionado desde la planteada por Tony Scott en Top Gun. Pese a lo genérico de su argumento y a su excesiva duración, Pacific Rim se alza como uno de los blockbusters veraniegos más personales de los últimos años gracias al sello autoral de un Guillermo Del Toro que impregna al filme, mediante sus habituales tics y colaboradores, de un aura especial que lo aleja del resto de congéneres y competidores, regalando dos horas de diversión y espectáculo a una escala tan grande como la de sus robots protagonistas.

Meccus—

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About Meccus

27. Ex-gordo. Veo Películas. Escribo películas. Hago películas. También escribo sobre películas.

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