Mandanga de la Buena

Como si Nic Cage fuese el director de Cahiers du Cinema.

Secuencias magistrales: La entrevista en la jaula de ‘El Silencio de los Corderos’.

Silenciocorderos

Tras ver por enésima vez El Silencio de los Corderos la otra noche, caí en cuenta de que el magnetismo y la fuerza que posee el último encuentro entre la agente Clarice Starling y el Dr. Hannibal Lecter no se ve condicionado únicamente por las maravillosas interpretaciones del dueto Foster-Hopkins, ni tan siquiera por las intrincadas líneas de diálogo que construyen el juego psicológico definitivo repleto de subtextos e interpretaciones. La verdadera fuerza de la secuencia recae sobre un elemento que la brillante planificación del director Jonathan Demme convierte en algo aparentemente intrascendente durante el visionado, pero que a niveles más subliminales dota de una fuerza salvaje a ciertos momentos. Este elemento no es otro que los barrotes de la jaula que mantiene al Dr. Lecter en cautiverio.

Primer movimiento:

La agente Starling lanza una mirada furtiva a un espacio que aún desconocemos mientras habla con el encargado de vigilar la estancia. Las expectativas sobre lo que vamos a encontrar en la sala aumentan con su nerviosismo.

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Un seguimiento nos muestra el escenario en todo su esplendor: una enorme sala repleta de colores parduzcos y apagados en cuyo centro se alza una jaula inmensa con una figura de un blanco nuclear —disonante absolutamente con el espacio— que resulta ser el psiquiatra reconvertido en asesino múltiple.

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Clarice avanza hacia el doctor, y nuestra mirada se acerca progresivamente con ella hacia un Lecter que da la espalda a la protagonista con una maraña de barrotes de acero creando una barrera impenetrable entre ambos.

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La conversación da inicio y el resquemor de Lecter queda patente mientras da la espalda por completo a Clarice durante los primeros compases. Los barrotes siguen actuando de barrera, incluso cuando Starling hace saber a Hannibal que ha ido por voluntad propia a verle y no siguiendo órdenes del FBI. Este hecho, del agrado del caníbal, propicia un cambio de postura y una nueva puesta en escena.

Segundo movimiento:

Lecter se ha girado, diluyendo un tanto la hostilidad inicial. La jaula reencuadra su siniestra expresión facial mientras los planos se cierran progresivamente incrementando la sensación de nerviosismo de la investigadora, a quien se le acaba el tiempo.

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Starling se mueve constantemente al rededor de la prisión improvisada presa de la inquietud, lo que evidencia si aún más esa barrera impuesta entre ambos personajes difuminando los barrotes al realizar barridos sobre el personaje de Jodie Foster. En contraposición, Lecter observa sentado y paciente, lo que se traduce en planos estables y limpios, con las líneas metálicas reencuadrando sin entorpecer la visión del personaje.

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Tras varios momentos de planos cortos para remarcar momentos importantes, una amenaza externa en forma de visitantes indeseados da urgencia a ambos personajes por obtener lo que desean, lo que rompe el diálogo en curso y genera un nuevo movimiento.

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Tercer movimiento:

Los barrotes continúan ejerciendo su función separadora, pero no por mucho tiempo. Un primer plano más cerrado que todos los anteriores de Lecter nos muestra al doctor construyendo la historia personal de Clarice que tanto ansía por conocer, aún con la jaula presente en él.

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En contraposición, un primer plano de Starling inicia su confesión a regañadientes, con las líneas metálicas en primer término.

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Es a partir de este momento cuando empieza la magia, y es que en cuanto Hannibal comienza a penetrar en la mente de la agente del FBI, la cámara inicia un suave travelling, casi imperceptible hacia el rostro del doctor. A medida que Lecter se aproxima a fondo de la mente de Clarice, la cámara lo hace en proporción, hasta que, una vez que el psiquiatra ha llegado hasta el final, los barrotes desaparecen.

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El efecto en el contraplano es similar. Clarice comienza a narrar su historia reticente a ello, pero una vez se suelta y empieza a nadar en su psique y a confesar sus traumas, la cámara avanza hacia su rostro hasta hacer desaparecer cualquier señal de la jaula.

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A partir de este momento la prisión se revela no sólo como una barrera física sino también emocional. Durante el diálogo íntimo entre ambos personajes no existe nada más que ellos dos. Por primera vez en toda la película están juntos, vinculados al cien por cien, y esto queda magistralmente evidenciado por un elemento tan simple y a la vez eficaz como unos barrotes a los que hacer desaparecer de escena cuando más nos interesa.

El momento íntimo toca a su fin en un primerísimo primer plano de Lecter agradeciendo a Clarice haber culminado el quid pro quo que demandó en los primeros compases de la cinta. Pero algo perturba al doctor, lo que nos lleva al último movimiento de la secuencia y a otro momento brillante.

Cuarto movimiento: 

Lecter huele a Chilton acercarse. La amenaza ya está cerca y el clima de complicidad se ha roto por completo. La jaula vuelve a evidenciarse en cámara. Los planos abiertos la magnifican.

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La separación de la pareja es inminente, y la cámara se mueve enfatizándola. Aún así, cuando parece que el encuentro ha terminado, Lecter ofrece el informe de investigación a Clarice, y, cuando esta corre a recogerlo, los barrotes vuelven a desaparecer por última vez en un plano de talle espectacular a nivel emocional.

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Por primera vez la desaparición de barreras físicas entre agente y psicópata da su fruto, permitiendo el único contacto piel con piel que tendrán durante toda la película: un simple roce de dedo que actúa como el clímax perfecto a una de las mejores secuencias que el cine de género nos ha regalado nunca.

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Para finalizar, la inmensidad de la prisión nos vuelve a ser revelada en un plano general que da cierre a la que es, a gusto de un servidor, la secuencia más significativa y compleja narrativamente hablando de todo El Silencio de los Corderos.

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—Meccus—

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About Meccus

27. Ex-gordo. Veo Películas. Escribo películas. Hago películas. También escribo sobre películas.

One comment on “Secuencias magistrales: La entrevista en la jaula de ‘El Silencio de los Corderos’.

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