Mandanga de la Buena

Como si Nic Cage fuese el director de Cahiers du Cinema.

Crítica — Non-Stop (Sin escalas)

NonStop

Muchas fueron las voces que, como vulgarmente se dice, «no dieron un duro» por la carrera cinematográfica de Jaume Collet-Serra atendiendo a ese mediocre debut que supuso La casa de cera; remake en clave de slasher del clásico protagonizado por el eterno Vincent Price cuyo único aliciente resultó ser ver a Paris Hilton perecer con el cráneo empalado. Por suerte, y para regocijo de los amantes del buen cine de género, el realizador catalán asentado en Los Angeles marcó un punto de inflexión en su carrera con La huérfana, demostrando con creces un dominio apabullante sobre los mecanismos que hacen funcionar la intriga cinematográfica; capacidad que reafirmó junto a Liam Neeson en Sin identidad un par de años después.

Tras los buenos resultados su último thriller, la dupla Serra-Neeson se reúne de nuevo en Non Stop (Sin escalas) para ofrecer otro fabuloso cóctel de acción e intriga a bordo de un avión en el que destacan tanto la reminiscencia de una paranoia post-11S latente trece años después de la tragedia, como el empleo de técnicas de manual para gestar el suspense más absorbente que, pese a haber sido mil y una veces, continúan atesorando una efectividad arrolladora.
El juego de máscaras, engaños, y relojes en plano detalle revelando cuentas atrás de forma obscenamente evidente se antoja delicioso al salpimentarlo con la claustrofobia que irradia un escenario cerrado —aunque repleto de posibilidades—, y con unas secuencias de acción que transfiguran al thriller más contenido y clasicista en un espectáculo frenético de primera categoría durante la recta final del filme.

Non Stop (Sin escalas) resulta tan placenteramente verástil como las sensaciones que transmite. Su alma de thriller te entierra en la butaca, atento a todo detalle y sepultado por la información dosificada con una inusitada destreza, herencia directa de las grandes obras de Alfred Hitchcock para, más tarde, mantenerte al borde del asiento a lo largo de un último tercio cuyas revelaciones sólo pueden conducir al aplauso más cómplice e inocente al verse acompañadas por la retahíla de golpes, disparos y explosiones que evocan el desenfadado espíritu de la mejor acción de los ochenta y noventa.

—Meccus—

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27. Ex-gordo. Veo Películas. Escribo películas. Hago películas. También escribo sobre películas.

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